17/12/2025
CRÓNICAS GLORIOSAS N°3
Los refranes populares tienen la virtud de sintetizar una metáfora eficiente: “Es un sombrero que no da sombra” refiere a la pérdida de poder; “El que no tiene cabeza para qué quiere un sombrero” denota poca sabiduría; “Me saco el sombrero” expresa admiración.
Roberto Arlt, le puso sombrero a sus personajes enigmáticos. En el cuento “La jugada” relata: “Kraisler entró en su cuarto, tiró el sombrero encima de una silla, y sin quitarse el saco se recostó en la cama. Cerró los ojos durante un instante, luego volvió a abrirlos despacio y extrajo una carta de su bolsillo. Era breve y la leyó por decimocuarta vez”.
Jorge Luis Borges era contrario al uso del sombrero. En una entrevista para el Diario Crítica cuando transcurría el año 1933, sostuvo con su habitual ironía: “Yo no sabía que la omisión o la práctica de esa peluca supletoria que los hombres mortales de habla española llaman sombrero (palabra absurda, ya que “sombrero” debía ser el que trafica en sombras), bastase a definir dos sectas, pero me juran que así es y que “sinsombrerista” es el varón que no usa otro sombrero que la intemperie, el saludo o el firmamento, y “sombrerista” el encaperuzado y mitrado”.
El sombrero nos protege del sol pero es también un recurso para los trucos del mago y llamamos así también, a la habilidad técnica del futbolista que consiste en elevar el balón por encima de un defensor para superarlo. Los ornamentos superiores son tan antiguos como la humanidad misma, huesos, laureles, piedras preciosas y la corona de espinas que sufrió Jesús atestiguan su simbolismo. Tocados y diademas en las mujeres, gorras y sombreros en los hombres han tenido vaivenes en su uso a través del tiempo.
Fedora, Canotier, Chistera, Bombín, Chambergo y Panamá, entre tantos otros, son tipos de sombreros que se popularizaron en nuestro país con la llegada de los inmigrantes y tuvieron su apogeo a principios del siglo XX, decayó su uso en la década del ’40, negado en los años que afloró el hippismo y vuelto a considerar en estos tiempos tecnológicos.
Entre fabricantes de calzado, cerveza, hilados y fósforos, la ciudad de Córdoba contaba también con una fábrica de sombreros perteneciente a Mariano Güel, según consigna el diario La Patria en febrero de 1894. El sombrero esta guardado en la retina popular por enaltecer la sonrisa eterna de Carlos Gardel, el rostro ceremonial de Hipólito Irigoyen, el gesto adusto de Leopoldo Lugones y en días de la agitada Reforma Universitaria, a cientos de jóvenes estudiantes ataviados con sombreros proclamando el “Manifiesto Liminar” de Deodoro Roca.
En la Córdoba de los años ’20, una dotación de cuatro mil trabajadores ferroviarios vestía prendas y uniformes que distinguían sus labores. Las gorras con visera y el distintivo vial, formaban parte de la indumentaria junto a blusas, chaquetas, sobretodos y gabanes. El vestir con elegancia y a la moda se convirtió en sinónimo de ascenso social para nativos e inmigrantes, ávidos del acceso a la educación superior y la profesionalización.
No lo hacían solamente por presumir una muchacha o concurrir a reuniones formales, las fotografías de la época revelan que los asistentes a los estadios de futbol lo hacían munidos de sus sombreros, como un elemento natural en su forma de vestir.
Los fundadores y protagonistas de los primeros años de nuestro Instituto Atlético Central Córdoba, no escapaban a aquellas normas.
La evidencia queda de manifiesto en sendas actas de 1923, año en que disputó diversos cotejos con los equipos de San Pablo y Talleres CNA, ambos de Tucumán, provincia norteña a la cual llegaban por la trocha métrica del Ferrocarril Central Norte Argentino inaugurado en 1876 por el entonces Presidente Nicolás Avellaneda oriundo de aquel suelo.
El acta fechada el 19 de octubre señala:
“[…] Nota del Sr, Rappi: a pedido del miembro Sr. Carlos Rappi se encarga al secretario ejecutivo de una nota reclamación al Sr. Jefe de Estación Tucumán por la pérdida de un sombrero, substraído sin duda al efectuar la limpieza del salón dormitorio […]”
Y en un acta posterior del 31 de octubre nos habla de un extravío similar:
“[…] Carta del Sr. E. Perazolo: el Sr. Perazolo solicita se le haga efectivo la pérdida de un sombrero en el viaje a Tucumán; se resuelve no hacer lugar a este pedido […]”
Lagomarsino, Maidana y Di Pietro son marcas centenarias que continúan con la elaboración de este distinguido atuendo, manteniendo una tradición que va ganando nuevos adeptos.
Tradición que se canta a viva voz en el Estadio Monumental Presidente Perón cuando la escuadra albirroja pisa el césped:
“Nacimos en el Ferro Carril
te fundaron los viejos que eran ferroviarios.
Camisa, pantalón de vestir
y un sombrero en la mano color rojo y blanco”.